Plataformas tecnologícas como motor de la economía colaborativa: se deben o no regular
Camilo
Vergara Cárdenas
Socio
Fundador de Security Legal BiT
Mucho
se ha hablado de los casos Uber, Airbnb,
Netflix, Lending Club, Task Rabbit, Lyft y otras aplicaciones o plataformas
tecnológicas que evitan la intermediación tradicional al momento de
comercializar un servició o producto en nuestros días, pero esta discusión no
podría centrarse solamente en casos particulares como se ha venido haciendo hasta ahora ya que
este nuevo fenómeno, si bien se ha dado a conocer a nivel local, regional y
global por el impacto que estas aplicaciones o casos mediáticos han producido a
los diferentes sectores comercializadores de bienes y servicios tradicionales
como lo son el transporte, el sector hotelero, el de entretenimiento entre
otros, merece un análisis y una discusión más profunda y general, debido a la
desbordada penetración tecnológica; al cambio que el uso de Internet y las
aplicaciones que en ella se soportar vienen generando en el comercio y la
economía mundial.
Con
el fin de abordar este tema de manera objetiva y más profunda, revisaremos a
continuación el concepto de economía colaborativa, así como los criterios a
tener en cuenta cuando a este concepto se hace referencia. La economía colaborativa tiene como
principio fundamental compartir el uso de bienes y servicios con el fin de
hacer un uso más eficiente de los mismos, lo cual nos lleva a pensar que para
materializar este principio se requiere de la creación de redes que permitan la interacción entre individuos
de forma masiva, descentralizada y en tiempo real.
Para
lograr lo anterior, no existe hasta ahora una herramienta o tecnología que
permita a la economía colaborativa avanzar y potencializarse dentro de los
mercados actuales, como lo son las plataformas tecnológicas basadas en
Internet. El uso de plataformas tecnológicas dentro de la economía colaborativa
permiten explotar al máximo el mercado y el capital humano y así, aprender,
crecer, innovar y adaptarse más rápido a las nuevas circunstancias que el mundo
exige hoy, incentivando de esta manera el consumo inteligente entre los
diferentes actores de determinado mercado eliminado barreras y desigualdades
generadas por los obsoletos mercados tradicionales.
Ahora
bien, teniendo claro que este es un tema que va mucho más allá de algunos casos
mediáticos como ya se mencionó, cabe ahora la pregunta si se deben o no regular
las plataformas tecnológicas en general. Con el fin de acercarnos a alguna
respuesta sobre este interrogante, es preciso advertir que la regulación o
intervención del estado debe darse solamente para los casos en donde existan
fallas del servicio al interior de un mercado específico o determinado, por lo
tanto, en los casos en que no se tenga ningún tipo de falla en el servicio la
intervención del Estado o la sujeción a determinado control regulatorio del
mercado debería sobrar y adicional evitarse. Por último, las nuevas redes y
ecosistemas de interacción que crean las plataformas tecnologías permiten por
si mismas un control natural entre quienes participan en determinado mercado,
lo cual los lleva a autorregularse de manera orgánica obteniendo de esta manera
mejores resultados que lo que pudiera el Estado conseguir mediante su
intervención, lo anterior sin perjuicio a que intervenga en lo estrictamente
necesario y acorde a la normativa nacional e internacional.
Esto
no quiere decir que no se pueda recibir alguna contraprestación por el hecho de
poner a disposición un bien o servicio para provecho de otro u otros.
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